El gregoriano es el calendario más utilizado para medir y organizar el transcurso del tiempo en casi todo el mundo. Se basa en la reforma del Papa Gregorio XIII del 1582 para adaptar el calendario juliano a las celebraciones litúrgicas de la Iglésia católica. El calendario laboral, las festividades, el calendario fiscal, las vacaciones… todo se planifica siguiendo el calendario gregoriano.
Pero… ¿Y si existiera un calendario que no se basa en ninguna institución litúrgica si no en el cambio y la transformación de las energías presentes en la naturaleza?
El SAJU es la disciplina que lee estas energías de la naturaleza en el momento exacto en que una persona nace. Por eso le llamamos el lenguaje de la naturaleza. Parte de la premisa de que el tiempo no es neutro, sino que cada instante tiene una cualidad energética específica, y que nacer en un momento determinado significa llevar esta energía impresa en el propio ser.
Las ocho energías y el flujo del tiempo
El Saju registra el nacimiento de una persona mediante cuatro pilares y ocho energías: el del año, el del mes, el del día y el de la hora. Cada pilar contiene dos caracteres —un Tronco Celestial y una Rama Terrestre— que describen la configuración energética de ese instante según el sistema de los Diez Troncos y las Doce Ramas. El resultado es un mapa energético temporal que es una combinación única de Madera, Fuego, Tierra, Metal y Agua, en sus formas yin y yang.
Esta combinación está revelada en el calendario chino de los 24 términos solares, un calendario milenario que mide el tiempo según la cualidad de la energía en cada cambio estacional, con el canto de los grillos, la apertura de los crisantemos y el primer trueno de primavera. Se trata de un sistema de conocimiento rancestral que divide el año según los cambios cíclicos de la naturaleza, reconocido en 2016 por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
Su origen se remonta a hace más de dos mil años, cuando los agricultores chinos de la cuenca del río Amarillo necesitaban algo más preciso que la Luna para saber cuándo sembrar, regar o cosechar. Observaron el sol: dividieron su recorrido anual en 24 momentos exactos, cada uno separado por 15 grados de la órbita terrestre, y a cada uno le dieron un nombre que describe lo que ocurre en el mundo natural del planeta que habitamos, la Tierra.
Así nació un calendario que no ordena el tiempo en días laborables, sino en fenómenos vivos. El año comienza con Lichun (Inicio de la Primavera), cuando la tierra empieza a despertar. Le sigue Yushui (Aguas de Lluvia), cuando las precipitaciones se vuelven más frecuentes. Luego llega Jingzhe (Despertar de los Insectos), el momento en que los primeros truenos sacan a los animales de su letargo invernal. Cada término dura aproximadamente 15 días y viene acompañado de observaciones detalladas: qué flores brotan, qué aves regresan, o cómo cambia el viento.
Lo extraordinario de este sistema es que fue creado por campesinos y astrónomos que observaban los cambios cíclicos de la naturaleza de forma sostenida durante generaciones. Es un conocimiento fruto del esfuerzo y la inteligencia colectiva, forjado y transmitido durante generaciones.
Hoy, cuando la desconexión entre las personas y los ciclos naturales es uno de los síntomas más evidentes de la crisis ecológica y social que vivimos, los 24 términos solares nos recuerdan que el tiempo no es una línea recta que avanza hacia el futuro, sino una rueda cíclica que explica el cambio y la transformación.
¿Te gustaría saber qué energías configuran tu propio SAJU y descubrir tu propia naturaleza?